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domingo, febrero 28, 2010

 

NY: una manzana que debe ser mordida


“¿Usted conoce la palabra grande? Ese tío es muy grande, esas langostas son muy grandes…..” Ay, que gran momento de la radio, este que nos dejó Carlos Pumares……en fin, me viene todo esto a la cabeza al hablar de la palabra grande, y para grande grande, pero GRANDE de verdad, esta ciudad que no es ciudad, que es un mundo grande metido en un sitio pequeño, donde de pronto crees ver en blanco y negro (o eso quieres), y empiezas a ver películas en todos sus rincones, donde las esquinas traen ese olor agridulce inconfundible, esa mezcla entre el vinagre y el azúcar, porque además de verla, hasta donde te alcance la vista, esta ciudad se huele, pero también se oye cuando te comes unos espaguetis carbonara al ritmo de un piano y un contrabajo en directo, donde la luz muestra un laberinto de colores que se mueven en mil direcciones, allí donde quieres coger un taxi sin un rumbo fijo, donde los viejos locales de jazz te llaman a entrar, donde las calles mojadas reflejan sueños, donde las negras voces parecen cantar, donde te tomas un delicioso capuccino en la mesa donde mataron al gángster de turno, donde escuchar “My Way” viendo como el Empire State se pierde entre las nubes en un día de lluvia te pondrá los pelos de punta, donde te puedes comer la mejor pizza del mundo junto a ese mítico puente que parece la entrada a un sitio imposible, donde te quemas tomando sus gigantescos cafés mientras esperas la llegada del metro, con ese sonido que tantas veces has oído en cientos de películas, donde las tiendas no parecen tiendas sino museos, esos museos que guardan las mejores joyas del mundo, aquellas que nunca imaginarías donde estaban, pues estaban allí....


Estarás en una película, no lo dudes, pero no olvides que aquí nunca serás el protagonista, la protagonista será siempre ella, la manzana que debe ser mordida, la ciudad que nunca duerme.


 


lunes, enero 18, 2010

SHEA STADIUM 1965 vs CONCIERTO EN LA AZOTEA DE LOS ESTUDIOS APPLE 1969: BEATLES, LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.


Cuatro chicos. Los mismos chicos 4 años después. Una rebeldía domada por la maquinaria del marketing de los primeros años, frente a su último concierto, cargado de nostalgia y con un cierto sabor agridulce. Todos uniformados frente a anarquismo en el vestir. Pelo a flequillo frente a largas cabelleras y pobladas barbas. Y sólo son 4 años. 4. ¿y que son 4 años en la mayoría de las vidas de la gente? Muy poco tiempo.



Shea Stadium, New York, 15 de agosto de 1965.



Lo que se ha dado en llamar el concierto que supone el pistoletazo de salida de aquello a lo que tan acostumbrados estamos hoy: los conciertos multitudinarios en recintos deportivos. Ese día estos muchachitos que vendían discos como churros, que un año después dirían aquello de que eran más famosos que Jesucristo, reunieron en este estadio de béisbol a más de 55.000 personas, algo que no se había conseguido hasta la fecha en la historia de la música. Y de esas 55.000 personas, al menos 50.000 de ellas en un estado que podría considerarse casi de enajenación mental transitoria, a tenor de las imágenes y del sonido recogido en el concierto, en el sumun del llamado “fenómeno fan”. Enloquecidas “groupies” encaramadas a las vallas hasta el punto de vencerlas, chiquillas poniendo a prueba sus sesenteros peinados a base de maniáticos tirones de pelos, una madre que reparte klinnex a diestro y siniestro, buscando apaciguar en parte unas lágrimas infinitas, carreras, desmayos, saltos hacia el campo en busca de estar más cerca de la causa de tanto lamento, de tanto sufrimiento desbocado.Eso en las imágenes. El sonido es, si acaso, más ilustrativo de esta histeria reunida sin precedentes. De principio a fin. Desde que salen por el túnel de vestuarios, hasta que se van por donde vinieron. En alguna imagen de su entrada al escenario puede verse como algún policia se tapa los oídos al no aguantar el estruendo. “Ladies and gentleman….honored by their country, decorated by their Queen, and loved here in America…….here are …..THE BEATLES………” clamaba el mítico Ed Sullivan para darles entrada al escenario. El griterío debió ser tan ensordecedor que los propios Beatles reconocieron que durante muchas fases del concierto no pudieron oírse, lo que hace mucho más difícil tocar, circunstancia que otorga un extra de grandiosidad al concierto. Y sólo 12 canciones, porque así lo requería la seguridad del evento, incapaz de garantizar un espectáculo seguro por encima de esta duración dada la inmensidad e intensidad del público. Ese día los Beatles recaudaron 304.000 dólares (de los del año 1965), en el apogeo máximo de su éxito mundial. A pocos metros del escenario, Brian Epstein, manager del grupo, vigilaba de cerca, a la vez que se relamía de placer, a sus cuatro chicos, con la felicidad del que se sabe poseedor de la gallina de los huevos de oro. Disfrutaba, casi como un espectador más, de uno de los considerados mejores conciertos de la banda en toda su carrera, un hito sin duda en su corta e intensa historia. Un hito marcado con la naturalidad, la facilidad, y la felicidad que desprendían estos cuatro portentos de la música. Las canciones eran orgasmos colectivos de apenas 3 minutos de duración, en el calor de la noche neoyorquina. Uno tras otro, sólo interrumpidos por las breves introducciones que de ellos hacían Paul y John, los temas iban aumentando el éxtasis colectivo. Hasta el (casi) siempre serio George Harrison parecía estar contagiado por esta vorágine de gritos al ritmo de “She´s a woman”, “Ticket to ride”, y “Can´t buy me love” entre otras, para cerrar con un apoteósico “I’m down”, con un poseído John Lennon tocando el órgano con los codos. Mientras Ringo a lo suyo, con su perenne sonrisa, feliz de todo lo que acontece a su alrededor, como si con él no fuera la cosa. Y el concierto acaba. Breve pero intenso, como si de un “coitus interruptus” se tratara, los “fab four” lo habían vuelto a hacer.



Azotea de los estudios Apple, Londres, 30 de Enero de 1969.



En un frío mediodía londinense, los que primero fueron amigos, después millonarios, y ahora casi extraños, escribían aquí el último capítulo de su historia como grupo, un grupo herido de muerte desde hacía tiempo, y cuyo destino parecía escrito desde su génesis. Teniendo en cuenta sus personalidades tan dispares, su talento desmedido, su acelerada e intensa vida, su final no podía ser otro que este. Las diferencias eran cada vez mayores, las discusiones cada vez más fuertes, todo ello con la inestimable colaboración de Yoko Ono, cuya figura no hizo más que enturbiar una relación ya de por sí insostenible para un conjunto que había alcanzado todas las metas habidas y por haber. Era una banda muerta por el éxito. A pesar de todo esto, y con el fin de grabar unos temas en directo para la película “Let it be”, dejaron sobre esta azotea una nueva muestra de lo que mejor sabían hacer: música. “Dig a pony”, “I’ve got a feeling”, “One after 909” y “Get back” entre otras. 42 minutos de una página musical para la historia. Esa música que les unió, y que incluso aquí volvió a conseguir la sonrisa de John, las miradas cómplices con Paul, la simpatía de Ringo y esos pies incontenibles siguiendo el ritmo de George, todo ello demostrando que la música estaba por encima de cualquier desencuentro, que seguía siendo ese lenguaje mágico por el cual se habían conocido, y que les acompañaría a ellos y a todos nosotros el resto de nuestras vidas. Los Beatles habían muerto. Vivan los Beatles!!.


PD. Quiero unos pantalones verdes y un abrigo de pelo como el de George.......impagable.










lunes, agosto 03, 2009



GILLIAN MURPHY: una lección de geometría sobre unas bailarinas

Les seré sincero. No tengo ni el más mínimo conocimiento técnico sobre ballet. No me pregunten como se llama este paso o ese otro giro. Ni idea. Sólo he sabido acercarme a él, al ballet, de puntillas, como bailan sus bailarinas.

Y la responsable de que me haya asomado como curioso espectador a este, para mi, desconocido mundo,no es otra que esta bailarina de voz tímida y frágil aspecto, que torna en Diosa cuando se calza esas alas blancas y suena la música.
Me invitaron un día a ver en el teatro "El lago de los cisnes", interpretado por el Ballet Nacional Ruso. La música no era en directo, y eso siempre resta puntos en cualquier espectáculo, pero dio lo mismo. Acababa de descubrir algo cautivador. Esa combinación de movimientos armoniosos al ritmo de la música me habían emocionado como pocas cosas de las que hasta entonces había visto.


Y quise más. Y entonces encontré esta perla, la misma obra, esta vez interpretada por el AMERICAN BALLET THEATRE, el más importante de los EE.UU. y uno de los mejores del mundo. Era sólo un DVD, pero la emoción volvía a repetirse. Pero esta vez había más. Todos nos hemos enamorado de una película, de una canción, de un libro......y en aquel momento yo lo acababa de hacer de una bailarina: GILLIAN MURPHY.

Me has enseñado que paras el tiempo cuando cesa la música, te he visto girar con la rapidez de la hélices de un avión, te has quedado suspendida en el cielo con tu pie como único apoyo, has estirado tu cuerpo hasta hacerlo casi infinito, le has dado perfil para que viera que los ángulos no eran sólo dibujos en libros de geometría, y le has puesto múltiples formas a la belleza, que te seguía a cada paso por el escenario. Esa manera de moverse, que no es moverse, es flotar. Es imposible hacerlo con más sutileza y elegancia. Que manera de dominar la escena.

Eras un cisne blanco convertida en maga negra, pero tu encanto no podía esconderse bajo ningún disfraz. Para mi todo eso fue una fantasía. Eras la viva imagen de esas bailarinas perfectas de las cajas de música.

Pero un día, pude verte en directo, en el Teatro Real. Ahora eras Gamzatti, en "La Bayadera", y perdí algo de la fantasía al descubrir que eso que creía un sueño, una ilusión, era ahora, ante mis ojos, una realidad. Los giros imposibles eran posibles, volabas aún más alto de lo que pude imaginar, y nos arrancabas las ovaciones y las lágrimas para hacerte aún más grande. De eso os alimentáis las Diosas, del calor de nuestros aplausos y de esa felicidad que desprendemos cuando os contemplamos. Es un peaje que se paga gustoso cuando el bien comprado es la belleza que nos ayudáis a descubrir, que siempre puede estar encerrada en cualquier sitio, pero de la que vosotras siempre tenéis llave.

A ti, GILLIAN, gracias por tu regalo, y por hacernos creer que los Dioses existen. Que tus alas siempre te lleven más y más alto.












GILLIAN MURPHY: Swan Lake Pas D'action






Y aquí tienen un ejemplo de la palabra "BONITO". La Bayadera, comienzo del Reino de las Sombras (Paris Opera Ballet).......Bravo!!!!! No me gusta jurar, en serio, pero les juro que ver esto en directo pone los pelos de punta.






jueves, julio 02, 2009


Tener "ángel"

¿Han escuchado alguna vez esa expresión? Seguro que sí.
Norah Jones (New York, 1979) representa esa expresión en su más alto grado.
Ella no canta, no, ella te habla, te susurra con su cálida y envolvente voz. Las canciones llegan, una tras otra, donde sólo llegan algunas: al alma.
Pocos saben que es hija de Ravi Shankar, uno de los más grandes virtuosos del sitar, y famoso por su asociación con George Harrison (The Beatles), al que inició en la práctica de este singular instrumento. Quizá alguno más sepa que esta señorita, con su pequeña gran voz, vendió mas de 20 millones de copias de su primer disco "Come away with me", además de arrasar en la entrega de los premios Grammy de 2003, donde consiguió 8 galardones, incluyendo los de mejor canción (Don´t know why), album, disco del año y artista revelación. Se calcula que la venta de todos sus discos supera los 36 millones de copias en todo el mundo.
Pero poco tiene que ver esto con "tener ángel". Esta chica está muy por encima de premios y ventas. Su voz te atrapa. No puedes escapar, ni quieres hacerlo. Sólo quieres que te siga llevando hasta el siguiente verso, donde arrastra y modula su voz de una manera mágica.
Seguramente habrán escuchado voces mas portentosas, con capacidades asombrosas para alcanzar tonos imposibles. Norah no es eso. Norah es el encanto de la sencillez, la emoción en estado puro alejada de todo artificio.
Y luego está al atrevimiento y el talento natural. El primero para versionar a un tal Ray Charles (les suena??) con la canción "Hallelujah I love her so", sabiendo como llevarla a su terreno, y hacerla tan personal sin perder la esencia de la música, haciéndola absolutamente deliciosa. Esta versión puede encontrarse en el disco "Live in St. Germain".
Otra maravillosa canción, versionando en este caso a "The Band", es "Bessie Smith", donde se homenajea a la gran cantante de blues de los años 20 y 30 del mismo nombre. Este tema puede escucharse en el concierto que Norah dió en "The House of Blues" en el año 2002. Sencillamente espectacular.
Hay discos que caen en tus manos. Los oyes. Jamás vuelves a escucharlos.
Hay otros, sólo los elegidos, que caen en tus manos y son tuyos para siempre. Ya son parte de tu historia, de tu vida, de tus emociones. Esos discos que puedes oir una y mil veces, hasta casi destruirlos fisicamente del uso, y nunca jamás te cansarás de ellos. Cada canción será una nueva oportunidad, será como una primera vez inolvidable. Un nuevo viaje a una vieja y conocida emoción.
Todo esto y más son tus canciones, Norah. Todo esto y mucho más eres tú.
Para tí, mi humilde homenaje. Gracias por hacer de la emoción, música.

CANCIÓN: "Bessie Smith"
Norah Jones: Voz, piano electrico Wurlitzer
Adam Levy: Guitarra
Lee Alexander: Contrabajo
Andrew Borger: Batería


martes, junio 13, 2006

EL VUELO

Otra vez el gran pájaro de hierro levantará el vuelo. Y otra vez sentiré el vacío bajo mis pies.

Son ya muchos años de apego a esta nuestra amada tierra, de sentir esa necesidad imperiosa de encontrarnos sobre algo que pisar, de pensar que, pase lo que pase, algo poderoso, muy poderoso, nos protege y vela por nosotros.

Esta tierra que nos vió nacer, es nuestro refugio natural, y sólo cuando emprendemos ese viaje en busca de la más lejana de las nubes, entendemos que estamos indefensos, que es allí en la infinidad del cielo donde más pequeños nos sentimos, desnudos ante una inmensidad que nos desborda. Intrusos ávidos de nuevas aventuras, el cielo nos envuelve, nos aterra y nos fascina por igual.

El gran genio entre los genios, el gran Leonardo da Vinci, persiguió, sin conseguirlo, uno de sus muchos sueños; volar. Y pienso yo, al recordar a esta mente sin igual, al hombre de insaciable imaginación, que si no pudo él encontrar la solución a este misterio....¿Cómo siquiera yo trato de entenderlo?. Mejor lo dejaré, porque se a ciencia cierta que sólo conseguiré un buen dolor de cabeza.

Por eso sólo me atrevo a decir: " A tí, madre tierra, devuelve a todos tus hijos a tu regazo, y deja, por unos momentos, que podamos vivir para contar aquel maravilloso miedo que el cielo nos enseñó".....



Vuelo inaugural del Airbus A-380, el avión comercial más grande del mundo.